
Once de la noche. Hora de salida. Los obreros del turno de tarde acababan de finalizar su turno. Algunos se dirigieron directamente a la salida. Hacia sus vehículos. Otros, en cambio, se dirigieron al vestuario, donde apenas tenían unos minutos para cambiarse, antes de que el autobús de empresa, iniciara su recorrido. Dorin se fijó en Jonathan, cuyo rostro reflejaba cansancio y seriedad. Estará pensando en la homologación de sus estudios universitarios– se dijo para sí Dorin.
Entre estos últimos, dos compañeros se apresuraban a cambiarse. Salieron rápidamente al exterior, y subieron al autobús. Se sentaron justo detrás de la salida, como siempre hacían. Jonathan, era el mayor. Era ecuatoriano, y había llegado a la empresa, nueve meses antes que Dorin, que no solo era más joven, sino también más atlético.
Ambos se encontraban a gusto en su trabajo, y estaban agradecidos, además, a una empresa que les había mantenido, no sin apuros, durante la crisis. Sin embargo,sentían, que podían ofrecer mucho más. Sobre todo Jonathan, que había terminado sus estudios de derecho. Hacía tiempo, que Jonathan pensaba en la homologación de su título universitario.
¿Otra vez pensando, Jonathan? ¿ Sobre lo de ser abogado, a que sí? No entiendo por qué no has llamado ya hace días al Ministerio de Educación, y que te digan lo que tienes que hacer. Yo no fui a la universidad, y solo tengo el bachiller. Mañana tengo cita con un traductor jurado para que me traduzca el título y el certificado académico, y de inmediato, a homologarlo.
- Ya lo sé, Dorin. Y en una cosa te equivocas. Sí que he hablado con el Ministerio de Educación. Además, como comprenderás, yo no tengo que traducir mi título, aunque eso sí, tengo que legalizarlo. Lo que sí que tengo que hacer, son algunos exámenes, ya que, no coinciden exactamente los temarios.
Homologar tu título
- Estupendo. Me alegro mucho. Ya te dije yo que podrías homologar tu título. Tu caso es diferente al de Evelyna. Tú estudiaste en la Universidad Central del Ecuador, y ella, sacó su título en un sitio que no era oficial. Hombre, si solo es estudiar. Tú tienes muy buena cabeza, y seguro que lo podrás hacer sin problemas.
- Estudiar, y algo más. Hay que pagar una tasa, como casi siempre. Tengo que presentar fotocopias compulsadas tanto de algún documento que acredite que soy yo, como el pasaporte, junto con fotocopias, también compulsadas, del título, y del programa de estudios, para que se puedan ver los cursos que hice, las asignaturas, las notas, los años en las que las realicé… Espero poder ir a hacerlo yo en persona, porque si no, tendré además que hacer un escrito autorizando a alguien a hacer estos trámites en mi nombre.
- ¿ Y una vez que tengas todo eso, sabes si tienes que ir al Ministerio de Educación en Madrid?
- Es una posibilidad, pero, no es necesario. Puedes hacerlo, sí, pero, si como nosotros no vives ahí, también puedes realizarlo en las Áreas funcionales de la Alta Inspección de Educación, de la Delegación del Gobierno en la Comunidad Autónoma en la que vivas.
- Dorin asintió. Quería preguntarle a Jonathan, si sabía cuánto tiempo se tardaba en decir si se aprobaba la homologación del título, pero, recordó, que había leído, que el plazo era de tres meses. Si pasaba ese plazo, y no había habido respuesta, se entendía, que se desestimaba la homologación del título, si bien también había leído, que era posible interponer recurso.
El autobús hizo una parada, y Dorin se bajó, cruzando la calle, camino de su domicilio. Jonathan, siguió sentado en él, pensativo. La homologación de su título universitario, era la manera, de poder abrir otras puertas, que le permitiesen mejorar su situación laboral.